DeBorando el Periodismo

Casi todos, sino todos, los estudiantes de Periodismo sueñan con llegar a ser redactor, colaborador, jefe, etc. de un periódico considerado de prestigio (El Mundo, El Pais…). Normalmente, cuando se les habla de la opción de los periódicos locales suelen desprestigiarlos y no lo consideran una opción laboral a largo plazo (no obstante sí los consideran para comenzar sus prácticas). Sin embargo, tal y como están las cosas, puede que sea la prensa local la que sobreviva en un futuro no muy lejano. Y es que, cada vez más, los medios tienden a especializarse en una zona concreta y esto les gusta a los lectores. Porque, evidentemente, a todas los ciudadanos les gusta tener toda la información posible sobre su ciudad, provincia o región. A la gente de a pie no suele interesarle lo que ocurra más allá de la puerta de su casa y esto hace que la prensa local se convierta en un negocio a tener muy en cuenta por todos los que pertenezcan al mundo de la Ciencia de la Información.

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Es sabido por todos que Internet ha revolucionado el concepto de información. Hoy, un medio de comunicación que se precie no puede contar exclusivamente con una edición impresa, sino que ha de hacer aún más partícipe al receptor y darle la posibilidad de ser parte de ese medio. Es por ello, por lo que los grandes diarios tanto nacionales como internacionales (El Pais, El mundo, Washington Post, New York Times…) cuentan con su propia página web, donde el receptor deja de ser un simple receptor para convertirse en otra cosa que aún no está muy bien definida.

Ruth Rodríguez Martínez, Lluís Codina y Rafael Pedraza-Jiménez nos dan las claves de lo que aún son conceptos desconocidos para muchos. Cibermedios y Web 2.0: modelo de análisis y resultados de aplicación es un estudio publicado con la finalidad de analizar el soporte web de ocho medios (Abc, El mundo, El país, El periódico, La vanguardia, Le monde, The guardian y The New York times) y descubrir su aplicabilidad de la Web 2.0. Pero lo que sin duda nos quieren transmitir es la importancia de situar al usuario a través de dichos cibermedios.

Por otra parte, estos autores destacan que no sólo basta la creación de una web, sino que es imprescindible utilizar bien estas herramientas. Con todo esto, se pretende, como ya he mencionado, hacer partícipe al ciudadano de las noticias que lee y conseguir que éste tenga una información más personalizada. Para ello, existen dos conceptos fundamentales: accesibilidad y visibilidad. Esto significa, por una parte, que la información debe ser fácil en su acceso y permitir que el receptor llegue a ella sin demasiado esfuerzo. Por otro lado, dicha información tiene que ser visible, es decir, atractiva, que haga que el usuario sienta el deseo de leerla.

Cabe destacar que las nuevas redes sociales como Facebook, Tuenti o Twitter facilitan la labor a los cibermedios, ya que con ellas se multiplica el número de visitantes.

Publicidad, empresario, políticos… ¿Para quién trabaja un periodista? Si abres un periódico, escuchas la radio o ves un programa de televisión en seguida puede pensar que es la publicidad la mandamás del medio. Sin embargo, si esperas cinco minutos más la jerarquía de noticias te hace pensar que hay otros intereses dominantes. Siempre los medios tienden a defender a unos políticos y criticar a otros. Y esto puede llevar a pensar que son ellos los que llevan la voz campante.

¿Y la audiencia? Se puede pensar que un periodista debe trabajar para ésta. Sin embargo, no es ella la que escoge las noticias ni la que decide el punto de vista de las mismas. Aún así, puede escoger el medio que más le interese según su ideología. Pero no, definitivamente el periodista no trabaja para su receptor, lo cual no quita que quiera tenerlo bien engatusado.

No cabe duda de que el líder indiscutible del Periodismo actual es el dinero. Y es éste el que lo domina todo. Actualmente, los medios venderían cualquier cosa por dinero. De hecho, lo hacen. Todo vale siempre que se obtengan beneficios y, cada vez está más claro, los principios periodísticos se tiran por la borda.

El Periodismo debe proporcionar un foro público para la crítica y el comentario. Esto es lo que Kovach y Rosenstiel afirman en Los elementos del periodismo. Sin duda, dar un foro público se convierte, así, en otro principio básico de Periodismo.

Desde el momento en que nacen los medios de comunicación el público se convierte en un receptor activo al que se le hace partícipe de lo que ocurre a su alrededor. Por este motivo, tiene derecho a expresar y participar en los contenidos informativos.

Para ello, los periodistas crearon las cartas al director, los blogs, sms, tertulias, etc.  Todo para darle voz al factor más importante: la audiencia.

Pero ¿Debe haber un límite para la crítica y el comentario? Sin duda una cuestión peliaguda. Por un lado, todos tenemos derecho a opinar y expresar lo que queramos sobre un hecho verídico. Sin embargo, por otro, existen ciertos derechos humanos que no podemos saltarnos a la tolera.

El vacío legal que existe ante este hecho hace que el dilema no termine de resolverse. Ante esta situación, cada persona se guía por sus propios valores morales y eso, casi siempre, acaba en desastre ya que en el mundo lo que reina antes que la verdad, los principios y la dignidad es el morbo.

Desde que Woodward y Bernstein destaparan el famoso Caso Watergate muchos son los que sueñan con seguir sus pasos y formar parte de la historia de ese nuevo periodismo de investigación, consistente en destapar los trapos sucios de los políticos y defender los valores democráticos.

Por ello, desde entonces se habla de un nuevo principio del periodismo: ejercer un control independiente del poder. Muchos son los ejemplos que podemos encontrar de este tipo de investigaciones periodísticas. Sin ir más lejos, tenemos en España el famoso caso GAL , el caso de las tragaperras o el caso de La Rosa.

Estos casos destaparon en España importantes casos de corrupción política y, además, sirvieron para elevar el prestigio de los medios encargados de su publicación.

En definitiva, todo periodista sueña con destapar durante su larga trayectoria profesional algún entramado de este tipo. Sin embargo, la existencia de este nuevo periodismo de investigación no debe cegarnos e impedirnos ver la importancia de los asuntos cotidianos del día a día.

La verificación se ha convertido en el tercer principio del periodismo actual. Y es que hoy el periodismo no es periodismo si no se mantiene fiel a la verdad.

Como afirmó Walter Lippmann “no puede haber libertad en una comunidad que carece de la información necesaria para detectar la mentira”. Y esa es la clave, mentira. No se puede uno hacer llamar periodista y ser, sin embargo, un mentiroso.  Las noticias no son propaganda. Tampoco son obras de ficción, por lo tanto, intentar adornarlas de dramatismo ya supone traicionar este principio básico.

Un concepto íntimamente relacionado con la verificación es la objetividad. No puede haber verdad sin objetividad, ya que ésta es la que permite al informador ver la realidad sin prejuicios y mostrarla tal cual se presenta ante sus ojos.

Cabe destacar que la verdad es una. No puede haber distintas verdades sobre un hecho. Sí es posible, por otra parte, encontrar múltiples puntos de vista y es entonces cuando un profesional demuestra serlo. La labor de éste sería entonces plasmar cada uno de los puntos de vista, sin involucrarse personalmente con ninguno.

Y es que es imprescindible que todo profesional encuentre su propio método de verificación y que lo lleve a cabo. Es vital para el prestigio de un informador, un medio y la profesión en general que dicho proceso de verificación se lleve a cabo fielmente.

Lowell Bergman, periodista y productor del programa de la CBS 60 minutos, es el protagonista de otro de los casos más controvertidos del Periodismo y del tratamiento de las fuentes.  Bergman representa un claro ejemplo de fidelidad y compromiso con una fuente de información, ya que protegió a la suya a pesar de las consecuencias.

Este periodista investigó y emprendió una dura batalla contra una importante  tabacalera, luchando incluso contra su propia cadena, que pretendía tapar el escándalo.

En su lucha, contó con el Dr. Jeffrey Wigand, científico y director de investigaciones de dicha tabacalera, que destapó los secretos de ésta y sacó a la luz sus trapos sucios, rompiendo el contrato que lo ataba a la misma y comenzando, así, su propia batalla legal.

El Dr. Wigand llegó incluso a recibir amenazas por parte de la tabacalera y puso en riesgo su propia vida por descubrirle al mundo la verdad. Gracias a Bergman ganará credibilidad y la protección necesaria para seguir aportandole al periodista sus jugosas averiguaciones.

Este caso es un claro ejemplo de cómo debe de ser el periodismo. Ambos protagonistas se enfrentan incluso al despido y al deshonor para defender la verdad y dar a conocer todas sus informaciones, no dejándose llevar por la corrupción de su alrededor.

Otro gran escándalo, también llevado a la gran pantalla, es el de Stephen Glass, un joven periodista que en poco tiempo consiguió ganarse un nombre en el mundo periodístico, eso sí, a base de noticias y fuentes inventadas. Glass trabajaba en el The New Republic y contaba con la admiración tanto de sus compañeros como de sus superiores.

Parecía tener un imán para los grandes reportajes y las noticias importantes. Además, utilizaba su encanto personal como pocos saben utilizarlos. Artículos fabulosos que todo el mundo leía y a todo el mundo encantaban era su pan de cada día. Para todo el mundo era un ejemplo de periodista. Sim embargo, no todo lo que reluce es oro. Glass se deshizo del principio básico del Periodismo: la verdad.

Un buen día, un reportero de Forbes Digital, Adam L. Pennenberg, comenzó a estudiar todos los artículos de Glass, tras descubrir que utilizaba una fuente inexistente en uno de ellos. Tras muchas investigaciones, destapó que de los 47 artículos que Glass escribió para la revista, 27 eran falsos, inventados.

Sin duda, un caso que da un vuelco a todo aquel profesional de la comunicación. Glass dejó de ser merecedor de llamarse periodista en el momento en el que violó el principio fundamental de esta profesión, la veracidad. Inventó fuentes y noticias y eso no tiene ni cabida ni perdón en el mundo de la información.

Tal fue el impacto de este caso, que el director Billy Ray lo llevó al cine con su película El precio de la verdad.


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